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“¡Salga afuera!”, “¡Salga afuera!”, le gritaban unas voces desconocidas, mientras lo encandilaba la luz de una linterna. Se escuchó el sonido seco del cargador de una ametralladora, y el estruendo de puñetazos golpeando las puertas a lo largo del pasillo del Seminario de Xujiahui, en el que normalmente sólo se oyen las largas sotanas barrer suavemente el piso. Gu, seminarista de tercer año, de veintitrés años de edad, saltó de la cama. Vestido con pantalones cortos y camisa, metió rápidamente sus pies en un par de zapatos; no tuvo tiempo para ponerse medias. Salió por la puerta tambaleando y sin mirar atrás. Nunca más volvería a ver su cuarto. “¡Siéntense! ¡Miren hacia abajo! ¡No levanten la cabeza!”, gritó un oficial del distrito policial de Xujiahui. Haciendo señas con las manos, reunieron a más de 150 seminaristas y media docena de sacerdotes jesuitas, sus profesores. Y aunque habían estado durmiendo hasta hacía unos momentos, todos estaban completamente despiertos cuando se les mandó sentarse

 

Fuente: www.yocreo.com

Un sacerdote legionaria de la iglesia clandestina China